El trabajo incluyó la creación del logotipo, la definición tipográfica y la articulación de un sistema visual coherente, estableciendo reglas y criterios que garantizan consistencia en su uso. Esta estructura se formalizó en un brandbook que recoge los fundamentos de la identidad y facilita su implementación en diferentes contextos, asegurando continuidad más allá de piezas aisladas.
A partir de esta base se desarrolló el packaging de los productos, donde el sistema visual se materializa y adquiere presencia tangible. Paralelamente, se definieron maquetas web que trasladan la identidad al entorno digital, estructurando su aplicación en interfaz y jerarquía visual. El proyecto se completó con el desarrollo de creatividades para redes sociales, adaptando el lenguaje gráfico a formatos dinámicos sin perder coherencia formal.
El resultado es un sistema de identidad aplicable y escalable, capaz de sostener la marca tanto en soportes físicos como digitales, manteniendo unidad visual en todos sus puntos de contacto.