Empezamos haciendo PR, sin imaginar demasiado lo que vendría después.
Con el tiempo, casi sin buscarlo, los proyectos empezaron a pedir otras cosas. Se sumaron nuevas miradas, llegaron nuevas personas y lo que era una especialidad fue creciendo hasta convertirse en un equipo más transversal.
Hoy trabajamos en diferentes áreas, aunque no pensamos tanto en categorías como en entender qué necesita cada proyecto.
Intentamos entender bien el contexto antes de proponer nada. Ver qué está pasando, qué necesita realmente la marca y qué cosas quizá no hace falta añadir.
En un entorno donde todo tiende a multiplicarse, muchas veces nuestro trabajo consiste en simplificar y dar dirección. Siempre desde la conversación y la experiencia compartida dentro del equipo.
Nos gusta trabajar cerca, con naturalidad, sin demasiada distancia entre quien encarga y quien hace. Las decisiones se construyen poco a poco, encontrando equilibrio entre distintas miradas.
Al final, seguimos trabajando desde la misma curiosidad del principio, pero con todo lo que hemos aprendido por el camino.
Ya lo decía Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.”
Hacemos nuestra esa idea. Partimos de un lugar seguro (nuestra casa) y desde ahí planteamos el movimiento hacia fuera.
Ese paso es clave. Y es ahí donde aparecen las puertas.
No como una forma de organizar áreas, sino como el punto de transición. El momento en el que se cruza de dentro a fuera, de lo conocido a lo que está por explorar. Cada una abre una dirección distinta y define cómo se aborda ese paso.
Cada puerta está identificada por una referencia. Un número que no busca explicarse, pero tampoco es arbitrario. Sitúa cada área dentro de un conjunto más amplio y le da un lugar preciso.
No hace falta descifrarlo para avanzar. Pero está ahí, sosteniendo la estructura.














